domingo, 9 de octubre de 2011

Yo no soy yo, yo era otro

(Scroll down for English recipe)

Inmre Kertész es un escritor húngaro que nació en 1929 en Budapest; por lo tanto, vivió toda la dureza de la II Guerra Mundial. Siendo un adolescente fue deportado primero al campo de Auschtwiz y más tarde a al de Buchenwald. Semejantes experiencias han marcado profundamente su  vida y su trabajo. Una vez finalizada la pesadilla de los campos de exterminio, volvió a Hungría donde comenzó a trabajar como traductor y periodista.


Su primera gran obra Sin destino (1975) fue silenciada por el gobierno de Hungría como el escritor ha reconocido amargamente en algún comentario a la prensa. Kertész no se dejaba vencer y seguía entregado a su pasión  a la vez que se ganaba la vida traduciendo al alemán. “Escribir me salvó la vida” ha dicho en varias ocasiones y su producción literaria tenía que ver fundamentalmente con la Shoah, la vergüenza, (también la de haber sobrevivido) la soledad y el aislamiento. Por sus obras podemos comprender cómo fue la literatura lo que lo salvó. El acto de escribir como proceso catártico en el que uno se juzga a sí mismo y con el que puede transformarse, convertirse en otro.


Hoy Kertész es uno de los mayores escritores europeos, ganador del Premio Nobel de Literatura en el año 2002. Ha llegado a ser una persona a cuya voz se le reconoce una especial autoridad moral, pues pese a las experiencias terribles que ha atravesado, sigue luchando por la vida desde la esperanza. Precisamente de estas realidades quisiera hablar hoy. He leído muchos de los libros de este autor, pero ha sido uno de los últimos que ha caído en mis manos, Yo, otro. Crónica del cambio, el que más me ha llevado a pensar sobre todo eso. El texto no tiene absolutamente ningún desperdicio; hay dos ideas que me obsesionan de este magnífico autor :


La capacidad para ser feliz tras haber sufrido mucho; de hecho, Kertész afirma  que “el padecimiento lleva precisamente a la felicidad” Algo totalmente admirable es el deleite que le provocan las pequeñas cosas como un pastel verde (podría ser este) que recuerda haber tomado trece años antes de escribir el libro en Berlín. Se siente obligado a ser feliz, como también decía Camus, pero ¿ante quien?: ¿ante nosotros mismos?, ¿ante Dios?


La ausencia de gratitud en el arte; Kertész reflexiona cuando escucha música y se da cuenta de que ese sentimiento brilla por su ausencia en esta materia. De ello se puede extraer una reflexión gastronómica: la cocina es puro agradecimiento. ¿No es eso precisamente por lo que hoy podría ser considerada arte? Cocinamos para los demás, queremos cuidarlos, que sean felices, que disfruten… y ellos deben agradecerlo con la alegría que nos devuelven ¿puede llamarse eso gratitud? ¿y no es, quizás, digno de agradecer? Como dice el autor: “…en definitiva, hemos de saber y, por tanto, hemos de vivir también como si alguien viera… no  a nosotros, no con nuestros ojos, sino a través de nuestras vidas.”

Gracias a Katie Stearns por la traducción al inglés.

13 comentarios:

Robert dijo...

¡Fantástico el texto y fantásticas las fotos!

Lucia dijo...

Me ha gustado la historia de Kerstéz, no la conocia. Tiene buenas reflexiones!

Que recuerdos los bizcochos con sifón!

elsfogonsdelabordeta dijo...

Tengo esta receta pendiente desde que la vi en un documental, me la llevo!
Besos
Sandra

PiLuKa dijo...

QUe curioso!!!! Las fotos preciosas!
Besos

Coses de Llàbiro dijo...

Pues me voy a quedar con las ganas, no tengo sifón!
Besos.

Judith dijo...

que fotos!!!!! una passada, sobretodo la de las cargas. Tampoco tengo sifón, así que nada, para reyes lo pongo en mi carta! jijiji. Besos

Mónica dijo...

La receta de 10, y las fotografías puro minimalismo. Un post impresionante!

Linda Susan dijo...

Gracias a todos. Un beso.

Heva dijo...

Precioso reportaje de una receta, diferente, me ha encantado!!!

Alba dijo...

Una entrada preciosa Linda. Te sigo desde hoy, voy tan liada siempre que todavía no me había podido parar a leerte y ver tus preciosas fotos.
Tienes un blog lleno de sentimientos, me encanta!

Muchos besos!

fresaypimienta dijo...

Que preciosidad de fotografías, que delicadeza! el bizcocho de Adrià siempre lo he querido hacer y nunca he encontrado el momento! un beso guapa

Nina's Kitchen dijo...

Yo creo, que si alguna vez has sufrido, después todo lo vives y valoras más... A veces no somos conscientes de lo afortunados que somos.
PD: voy a poner en mi lista de la compra un sifón :P

Donibaneko dijo...

Que delicadeza! el bizcocho de Adrià me llamo desde el día que melo enseñaron pero nunca recuerdo como se hace y si lo recuerdo no tengo cargas para el sifón. Será una señal...
Un besito tesoro0o

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