martes, 18 de junio de 2013

La vida transfigurada




Wild Nothing es un grupo indie americano, de Virgina formado por  Jack Tatum desde 2009,  año en que formó la banda junto con Nathan Goodman, Jeff Haley, Kevin Knight y Jeremiah Johnson. Tienen varios discos publicados, uno muy reciente llamado Empty Estate y otros  igualmente geniales: Golden Haze, Gemini y Nocturne.


La música de Wild Nothing es una brisa nostálgica que nos acerca a los ochenta con sus sonidos eléctricos y nos llena de recuerdos:  cielos de la infancia, juegos en las tardes interminables, las carreras por el parque y  la sed insaciable. La canción de hoy, Cloudbusting (rompenubes), es una versión de Kate Bush, el tema que los hizo subir como la espuma, el tema que consiguió llamar la atención de, entre otros, Pitchfork, el portal de Chicago especializado en crítica de música,que posteriormente le daría el premio  “Best New Music”.  Toda la música de este grupo tiene un sonido especial, reconocible, temas como Chinatown, Nocturne o Shadow son magníficas. Su música tiene una cadencia elegante y rítmica de la que uno no se cansa, estas carcterísticas  acercan Wild Nothing a otros grupos  como Beach House.


Cloudbusting recrea una íntima historia de un padre y su hijo: Wilhelm Reich, un psiquiatra que cuenta a Peter, su hijo, su vida desde la madurez. Describe cómo pasaban el tiempo con ese maravilloso artefacto,  “rompenubes”, que provocaba una lluvia artificial; por eso, “me despierto llorando, estás haciendo lluvia, y mi sueño y tú os escapáis”. La canción habla del sentido de pérdida que rodea a Peter cuando Wilhelm es arrestado: “ eras el brillo en la oscuridad; por eso  cada vez que llueve estás en mi cabeza”. Así este cielo plomizo me devuelve a ti. Por eso la pesantez del gris me aplasta en esta época del año. Se acercan los días “rompenubes” y llueve y tú estás aquí en mi cabeza pero sé “ que algo bueno va a suceder y no sé cuándo, pero incluso podría hacer que sucediera” también porque estás aquí, en mi cabeza. ¿Qué podría suceder? No lo sé, ni siquiera sé cuando, pero algo bueno pasará porque estás conmigo, en mi memoria.


Una canción triste pero alegre; unos recuerdos melancólicos pero gozosos. Como este queso cubierto de ceniza, las apariencias engañan y nunca alcanzamos la verdad absoluta y definitiva. Hay días que nos sentimos apáticos, sin ganas de nada, tampoco de cocinar, desganados, pero la vida puede ser maravillosa y siempre estamos a tiempo de comenzar de nuevo, algo de lo que hablamos hace muy poco, podemos renacer de nuestras propias cenizas, de nuestros propios recuerdos. Algo bueno va a pasar: tiene que sucedernos algo bueno. Como en este queso en el que la ceniza gris encierra la fuerza del sabor, también nosotros encerrados en nuestra grisura, debemos romperla porque tenemos mucha vida dentro. Que el alimento nos dé fuerzas y la música energía. También para cocinar.

domingo, 9 de junio de 2013

Quizás si te pusieras en mi piel


Atticus Finch es el padre que todos quisimos tener; el hombre elegante, con una presencia impecable, que todas anhelábamos que nos cuidara; el abogado que todos desearíamos que nos defendiera.  Atticus Finch es el protagonista de Matar a un ruiseñor, una película de Robert Mulligan estrenada en el año 1962, basada en la novela homónima de Harper Lee.


La película arranca cuando muchos cayeron en la miseria, cuando todos no tenían los mismos derechos y las deudas se pagaban con nueces (quizás porque sentían vergüenza de su pobreza). Finch es un abogado viudo, padre de dos hijos, que lucha por los ruiseñores, para que puedan volar, es decir, lucha por los desprotegidos, por la gente sin derechos, por los indefensos sin recibir nada a cambio. Esos valores son los que han hecho a la película y a la novela conocidas, y al personaje interpretado por Gregory Peck, inolvidable.



Scoutt es la hija de este hombre de profundas convicciones, junto con Jem, y   la narradora del film: aporta una mirada llena de inocencia, de misterio y de entusiasmo por las cosas, por la vida; Scoutt está llena de preguntas, a las que su padre responde con paciencia y cariño. Poco a poco ella logra comprender las contestaciones ; por qué lo importante es sentirse cómodo en los zapatos de otra persona y no juzgarla por su apariencia. Sentirse cómodo en la piel de los demás: entonces quizás entenderíamos buena parte de la vida. Nunca se conocerá a alguien hasta que se haya caminado en sus propios zapatos.


Matar a un ruiseñor, como la brisa una noche de verano, nos permite regresar a la infancia, a la patria, para tener esa mirada pura y limpia capaz de no juzgar a los demás por las apariencias sino por lo que son, su sabor real y su olor real, por su presencia y su ausencia.


Como este plato que puede confundirnos por su apariencia y que contiene un buen puñado de nueces: lo importante es eliminar los prejuicios, no sentirse cohibido, probar, siempre probar, intentar dejar atrás las ideas preconcebidas y los sabores conocidos, no tener miedo a lo nuevo, a empezar desde lo desconocido o volver al principio porque la vida tiene mucho que ofrecernos y nunca seremos libres si no nos dejamos elevar por la belleza. En la cocina, como en la vida, a veces nos dejamos engañar por las apariencias. Por eso es importante probar las cosas por uno mismo; meter las manos en la masa para saber de qué están hechas las cosas, cómo se hicieron, por qué cocinaron para nosotros. Es posible que descubramos cosas interesantes.


Si te pusieras en mi piel, quizás lo entenderías.


lunes, 20 de mayo de 2013

Llévame de nuevo al principio





Hace aproximadamente un mes recibí una invitación para hacer una entrevista. ¿Una entrevista? ¿Yo? Pero ¿por qué? Y, ¿sobre qué? Pues  porque  Mª Ángeles Torres de Secocina ha tenido una idea fantástica y ha escrito un libro maravilloso que se llama Sin receta. Una guía para descubrir tu creatividad en la cocina. Partiendo del libro, mi además nueva compañera en 1080 fotos de cocina, ha hecho una serie de entrevistas a personas afines a ella y a su forma de entender la cocina.



La idea del libro es ayudar al lector a adaptar cualquier receta, a seguir su inspiración y su creatividad con unos poco ingredientes: algo que ella hace en este volumen con auténtica maestría.

He tomado una de esas recetas para darle la vuelta: los almendrados. Pero más tarde pensando en la entrevista y mis respuestas, me hice otra pregunta ¿y si volvemos al principio?

Los almendrados son típicos del sur de España (Andalucía y La Mancha) y tienen su origen el la cocina sefardí, de ahí he tomado la receta original, de una experta en cocina judía de la que ya os he hablado en otras ocasiones, Claudia Roden.

De manera que volvemos al principio, a las raíces que tienen que ser fuertes para sostener el árbol, al inicio de los tiempos, al comienzo de la vida, a mirarlo todo como si fuera la primera vez porque la belleza siempre es nueva y nos acompañará el resto de nuestra vida.

Volver al principio no puede ser desandar el camino que hemos recorrido con tanto esfuerzo. Volver al principio es profundizar en nosotros mismos y en nuestras raíces para encontrar aquello que dejamos intacto. No se trata de agotar la vida, sino de hacerla más fértil.  Como en nuestra cocina, en casa, cuando recordamos lo que hacíamos y, de repente, nos vemos entre los cacharros recreándolo: haciéndolo igual pero diferente, cambiando este o aquel ingrediente y descubriendo que la belleza, aunque sea antigua, es siempre nueva. En la cocina y en la vida no debemos renunciar a la ilusión, a lo que nos ha llevado  a lo nuevo. Allí, en aquel impulso, sigue nuestra fuerza; lo que fuimos e hicimos nos conduce a lo nuevo. Nunca repetimos y nunca cocinamos dos veces un plato idéntico: volver al principio para seguir caminando.



Cada día de nuevo
Reconstruimos el mundo:

Aquí estarán las montañas,
Más allá las ciudades
Esta tarde los ríos
Cruzarán nuestro salón.

Y mañana, otra vez
A empezar desde el principio.


Nikola Madzirov