domingo, 6 de abril de 2014

Mirar la vida de frente


"Iré yo misma a comprar las flores."


Mirar la vida de frente, eso es lo que hizo, y dejó escrito a su marido Virginia Woolf un 28 de marzo de hace ya algunos años. En una apasionante carta le dice: «Quiero decírtelo, aunque todo el mundo lo sabe. Si alguien hubiera podido salvarme, ése habrías sido tú. Lo he perdido todo salvo la certidumbre de tu bondad. No puedo seguir echando a perder tu vida de este modo» Leonard y ella se conocieron de jóvenes formaron parte del grupo Bloomsbury y llegaron incluso a fundar una editorial, Hogarth Press.




Lo que me interesa y me llama la atención de la escritora es su capacidad de introspección, la utilización del monólogo interior y la calidad poética de sus novelas. Tengo en casa sus Diarios (1925-30) publicados por Siruela y en ellos se puede constatar su verdadera obsesión por la escritura, su prosa es una pulsión rítmica que recoge la caducidad de las cosas, ese estilo habla de su huida, de su miedo a parar y ser atrapada por la oscuridad. No descansaba nunca, porque detrás de la inactividad llegaba el decaimiento y nunca olvidaba el pasado que se hacía presente en todas sus novelas. Todo esto podemos advertirlo en Las Horas, una película que es como una matrisuka rusa, recoge tres historias de mujeres diferentes en un solo día, cada una dentro de otra, entre otras cosas, porque todas son la misma, todas están buscando un sentido a su existencia. Empezamos por Virginia, quien escribe La señora Dalloway, novela que está leyendo Laura  en los años 40, mujer que aparecerá en la vida de Clarissa sobre el año 2000.



La película juega con el tiempo y por eso nos hace tenerlo en cuenta, es importante tener conciencia de él y saber cómo podemos gestionarlo para aprovecharlo mejor. En la cocina el tiempo es esencial, hay recetas que necesitan estar en su punto, otras, con un simple toque de horno o sartén están listas y algunas que como el chucrut necesita tiempo para su fabricación:  un proceso de fermentación que conseguirá que el alimento sea mejor con el  paso del tiempo. Quizás es eso sólo lo que necesitamos, un poco más de tiempo, solo un poco más de tiempo para estar mejor.

Esta es una de las reflexiones que se podría hacer sobre Las Horas y yo misma me hago recordándome en el cine viendo esta película… ha pasado mucho tiempo y no he querido verla de nuevo hasta ahora, tanto me llegó a afectar, pero en el fondo, en el fondo todo sigue igual: Leonard siempre los años compartidos, siempre los años, siempre el amor, siempre las horas."
"Siempre las horas."

domingo, 23 de marzo de 2014

"La única verdad de todo este derrumbe"*






Posibilidades

Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los robles a orillas del Warta.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.
Prefiero tener a la mano hilo y aguja.
Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de todo.
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.
Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no escribirlos.
Prefiero en el amor los aniversarios no exactos
que se celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas
que no me prometen nada.
Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.
Prefiero la tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados a los conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas del periódico.
Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.
Prefiero los perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado
a muchas otras tampoco mencionadas.
Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.
Prefiero el tiempo insectil al estelar.
Prefiero tocar madera.
Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.
Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad
de que el ser tiene su razón.

Wislawa Szymborska. De "Gente en el puente" 1986. Versión de Gerardo 
Beltrán


Wislawa Szymborska es una vieja conocida pero me sigue sorprendiendo la cercana realidad de su poesía, la cotidianeidad irónica de sus versos. Siempre descubro algo nuevo en ella, siempre. Nació en 1923 y murió en febrero de 2012 con 88 años de edad, se hizo mundialmente conocida al recibir el Premio Nobel de literatura en 1996. En estos días me acuerdo mucho de ella y de otras...



Válgame el Cielo si osara imitarla, pero estas palabras dejan cosas en claro. 


Prefiero la fotografía.
Prefiero los amaneceres que son atardeceres. 
Prefiero la melancolía a la nostalgia.
Prefiero los almendros a las orquídeas
Prefiero tener a la mano papel y pluma
Prefiero responder a que no me pregunten. 
Prefiero el brócoli al solomillo.
Prefiero lo dulce a lo salado. 
Prefiero el café en taza grande para desayunar.
Prefiero las rayas
Prefiero tener en cuenta la posibilidad de que no todo fuera mentira.
Prefiero un "no sé" a la seguridad que me apabulla.
Prefiero el silencio a la palabrería.
Prefiero el original a la copia.
Prefiero lo sutil a lo más fuerte. 
Prefiero seguir adelante que parar. 
Prefiero ocho que ochenta.
Prefiero tropezar y levantarme
Prefiero correr que volar
Prefiero la ternura
Prefiero a Bartleby que a Oblomov.
Y aún así, prefiero hacerlo

*"la única verdad de todo este derrumbe" son unos versos del poema Lo que somos incluido en Los desengaños escrito por Antonio Lucas y ganador del Premio Loewe 2013. Lo que me atrae de este libro y de todos los poemas de Szymborska no es lo que yo pienso de ellos, sino lo que ellos dicen de mí. Espero que lo disfrutéis.